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El Arca de Zoé, la “misión humanitaria” que secuestró más de cien chicos en África para venderlos en Francia

El 25 de octubre de 2007, la policía de Chad impidió el despegue de un avión que llevaba a 103 niños africanos a Europa en un supuesto viaje “humanitario”. La presunta ONG que escondía una operación de tráfico de personas y una banda criminal. Las oscuras negociaciones entre el gobierno francés y el de Chad, que terminaron con el traslado de los delincuentes a Francia y su impunidad

LA ONG se había presentado en sociedad en Francia con el propósito declarado de proteger y defender los derechos de los niños afectados por el tsunami que había devastado a Indonesia el 26 de diciembre de 2004 (Francesco Fontemaggi / AFP)LA ONG se había presentado en sociedad en Francia con el propósito declarado de proteger y defender los derechos de los niños afectados por el tsunami que había devastado a Indonesia el 26 de diciembre de 2004 (Francesco Fontemaggi / AFP)

El avión chárter de la compañía española Girjet estaba a punto de despegar del aeropuerto de Abéché, en Chad, cuando la policía local lo rodeó y obligó a bajar a los tripulantes y los pasajeros. Por la escalerilla descendieron los siete españoles que integraban la tripulación del vuelo, seis franceses pertenecientes a una ONG humanitaria y tres periodistas de esa misma nacionalidad. La policía los detuvo de inmediato, mientras la pista se llenaba de otras presencias que también emergían de las entrañas del avión: 103 niños chadianos, presuntamente todos huérfanos y la mayoría de ellos enfermos o heridos.

Si la escena perteneciera a una película de Hollywood, el espectador no tendría dudas sobre lo que estaba sucediendo: un grupo de valientes trabajadores humanitarios, ayudados por la intrépida tripulación del avión y acompañados por tres audaces periodistas para registrar los hechos, estaba a punto de salvar a más de cien huerfanitos africanos para llevarlos al civilizado occidente cuando -seguramente por el aviso de un traidor- la policía de un gobierno despiadado los interceptó.

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Sin embargo, nada más lejos de la realidad: lo que la policía de Chad acababa de hacer ese 25 de octubre de 2007 fue desbaratar una monumental operación de tráfico de niños con destino a Reims, en Francia, donde los recibirían “familias adoptivas” que habían pagado entre 2.800 y 6.000 euros por cada uno de ellos.

Todo era obra de una organización criminal que se ocultaba bajo la fachada de una ONG llamada el Arca de Zoé, fundada dos años antes con supuestos fines humanitarios. Y la operación no había sido descubierta por una filtración sino por la denuncia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

Todo era obra de una organización criminal que se ocultaba bajo la fachada de una ONG llamada el Arca de Zoé, fundada dos años antes con supuestos fines humanitarios (Mark Renders/Getty Images)Todo era obra de una organización criminal que se ocultaba bajo la fachada de una ONG llamada el Arca de Zoé, fundada dos años antes con supuestos fines humanitarios (Mark Renders/Getty Images)

La “misión humanitaria”, como la presentaba el Arca de Zoé, incluía otras falsedades, porque en Francia se había anunciado que los niños rescatados eran huérfanos de la guerra civil de Sudán Occidental -y no chadianos- que estaban heridos o enfermos, cuando en realidad todos habían sido “seleccionados” porque estaban perfectamente sanos y la mayoría de ellos tenía padres o familiares cercanos que podían cuidarlos.

Ese fue apenas el principio del escándalo. En los siguientes días, meses y años, el episodio provocaría fuertes tensiones diplomáticas, negociaciones no muy claras entre los gobiernos de Francia y de Chad, condenas judiciales imposibles de justificar por lo blandas y, fundamentalmente, una desconfianza que dificultó el accionar de un gran número de verdaderas organizaciones humanitarias que actuaban en diferentes países de África.

El Arca de Zoé

La ONG que sirvió de cobertura para la operación criminal era de creación reciente y no demasiado conocida. Se había presentado en sociedad dos años antes en Francia con el propósito declarado de proteger y defender los derechos de los niños afectados por el tsunami que había devastado a Indonesia el 26 de diciembre de 2004.

Se mostraba al mundo como un equipo humanitario formado por asistentes sociales, bomberos, enfermeros y médicos, entre otros profesionales, dedicados a ayudar a los menores de edad de todo el mundo. Y se autodefinía como una organización no gubernamental sin fines de lucro.

Luego se descubriría que 358 familias francesas y norteamericanas, llegaron formularios y pagaron honorarios para recibir un niño que creían que adoptarían para salvar del infierno en Darfur, sin saber que en realidad iba a ser secuestrado en Chad (Mark Renders/Getty Images)Luego se descubriría que 358 familias francesas y norteamericanas, llegaron formularios y pagaron honorarios para recibir un niño que creían que adoptarían para salvar del infierno en Darfur, sin saber que en realidad iba a ser secuestrado en Chad (Mark Renders/Getty Images)

Por eso no extrañó que decidiera involucrarse en el conflicto de Darfur, en Sudán Occidental, donde se desarrollaba una guerra civil desde 2003 entre los Yanyauid y los africanos negros con un saldo de miles de muertos en operaciones de “limpieza étnica” y millones de desplazados, muchos de los cuales estaban refugiados en la República Centroamericana, Chad, Sudán del Sur y Libia.

En ese contexto, en agosto de 2007, el gobierno de Sudán y las Naciones Unidas acordaron desplegar cerca de 26.000 efectivos para controlar la situación en Darfur.

Fue entonces cuando el Arca de Zoé vio su oportunidad y, con la ayuda del propio ejército francés, envió la misión que desembarcó en Chad, donde instaló una oficina llamada “Children Rescue” y comenzó sus maniobras para secuestrar a los niños que, al mismo tiempo, comenzó a “vender” en Francia.

Luego se descubriría que 358 familias francesas y norteamericanas, llegaron formularios y pagaron honorarios para recibir un niño que creían que adoptarían para salvar del infierno en Darfur, sin saber que en realidad iba a ser secuestrado en Chad.

Los chicos rescatados el 25 de octubre en el aeropuerto de Abéché eran los primeros 103 de los 10.000 que el Arca de Zoé tenía planificado vender.

La tripulación española del avión y los nueve franceses -entre miembros de la supuesta ONG y periodistas- fueron trasladados el mismo día de su detención a Yamena, la capital de Chad para ser juzgados (ISSOUF SANOGO / AFP)La tripulación española del avión y los nueve franceses -entre miembros de la supuesta ONG y periodistas- fueron trasladados el mismo día de su detención a Yamena, la capital de Chad para ser juzgados (ISSOUF SANOGO / AFP)

De Chad a Francia

La tripulación española del avión y los nueve franceses -entre miembros de la supuesta ONG y periodistas- fueron trasladados el mismo día de su detención a Yamena, la capital de Chad para ser juzgados.

La acusación fue promovida por el propio presidente de Chad, Idriss Déby, líder del Movimiento Patriótico de Salvación que gobernaba el país desde 1990. El juicio se hizo con una celeridad sorprendente y todos los detenidos fueron condenados a ocho años de prisión y trabajos forzados por los delitos de pertenecer a una organización “pedófila” y “dedicada al tráfico de órganos”.

La empresa española responsable del avión emitió un comunicado en el que se distanciaba del suceso y pedía ayuda para “rescatar” a la tripulación.

También hubo comunicaciones urgentes entre los gobiernos de España y Francia, que derivaron en un viaje urgente del presidente galo, Nicolás Sarkozy, a Chado, donde llegó el 4 de noviembre y se reunió con el presidente Déby.

El contenido de la charla que mantuvieron – o la negociación que encararon – nunca trascendió, pero Déby terminó concedieron la liberación inmediata de las cuatro azafatas españolas del avión y de los tres periodistas franceses.

También – lo que resultó mucho más llamativo – permitió el traslado del resto de los condenados a Europa, con la condición de que cumplieran sus penas en una cárcel francesa.

Impunidad acordada

Se trataba en la práctica de una impunidad acordada entre los dos presidentes -aunque no se supiera qué había prometido Sarkozy a cambio- porque apenas unos meses después, Idriss Déby promulgó un decreto de amnistía para los condenados, lo que implicó su inmediata liberación en Francia.

Eric Breteau y Emilie Lelouch fueron condenados por el Tribunal de Apelación de París a 2 años de prisión en suspenso y El Arca de Zoé debió pagar una multa de 100.000 euros y autodisolverse (PASCAL GUYOT / AFP)Eric Breteau y Emilie Lelouch fueron condenados por el Tribunal de Apelación de París a 2 años de prisión en suspenso y El Arca de Zoé debió pagar una multa de 100.000 euros y autodisolverse (PASCAL GUYOT / AFP)

El 1° de abril de 2008 fueron liberados el presidente de la supuesta ONG, Eric Breteau, y su pareja y socia, Emilie Lelouch; también los bomberos Dominique Aubry y Alain Péligat, encargados de la logística del grupo y, en la práctica, quienes manejaron la operación de secuestro de los niños.

Poco después también salieron de la cárcel el médico Philippe Van Winkelberg y la enfermera Nadia Merimi, quienes había fraguado las heridas y las enfermedades de los niños para justificar la “evacuación sanitaria”.

La justicia y las indemnizaciones

La liberación no significó el fin de los problemas judiciales de los implicados en el secuestro, porque para entonces los tribunales franceses habían tomado cartas en el asunto.

Los jueces parisinos también fueron benignos con un delito que merece hasta diez años de prisión y 750.000 euros de multa por niño. Llamativamente se fijó a cada uno de los 6 imputados el pago de 87.000 euros por cada niño, un total de 8.900.000 euros destinados a los familiares de los chicos secuestrados.

Sin embargo, como no se fijó que organismo del estado controlaría los pagos fue imposible si los condenados pagaron las sumas estipuladas.

También debieron afrontar un proceso por estafa, iniciado por una pareja que había pagado 6.000 euros al Arca de Zoé a cambio de poder adoptar uno de los niños que nunca llegaron a Francia.

Por este último delito, Eric Breteau y Emilie Lelouch fueron condenados por el Tribunal de Apelación de París a 2 años de prisión en suspenso y El Arca de Zoé debió pagar una multa de 100.000 euros y autodisolverse.

Para entonces habían pasado siete años del secuestro frustrado de los niños, y Breteau y Lelouch tenían otros planes.

Cumplido el período de prisión en suspenso -que les impedía salir del país- se mudaron a Sudáfrica para regentear un hotel que compraron con fondos de origen más que dudoso.

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