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¿Amas con el corazón o con la cabeza? Elaboran un mapa de la ubicación del amor en el cuerpo

Hay quien piensa que el amor se procesa desde el cerebro y quien vota por el corazón. Pero en muchos casos es una combinación de ambos y de otras muchas partes del cuerpo.

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Crédito: Rendy Novantino (Unsplash)

Cuando te enamoras, ¿piensas con el corazón o con la cabeza? Todos nos hemos hecho esta pregunta alguna vez. También se suele hablar de pensar con otra parte del cuerpo que se encuentra bastante más abajo, pero generalmente el corazón y el cerebro son los dos órganos que más se asocian con procesar los sentimientos amorosos. Ahora bien, ¿ocurre lo mismo con todos los tipos de amor? ¿Los procesamos todos por igual?

Estas son preguntas que se hicieron los integrantes de un equipo de investigadores de la Universidad de Aalto, en Finlandia. En un estudio que acaban de publicar, quisieron medir el amor desde un punto de vista psicológico y filosófico, para ver cómo y dónde lo sienten las personas. Por eso, reclutaron más de 800 voluntarios, que tuvieron que responder tres encuestas sobre el amor. Aunque solo las contestaron todas algo más de 550 personas. 

En ellas se incluían 27 tipos diferentes de amor, que iban desde el amor pasional hasta el amor por los extraños. Con una amplia gama en medio, en la que se incluyen, por ejemplo, el amor a los hijos, a los hermanos o a los animales. Con estas encuestas, de tres formas diferentes, se pidió a los participantes que cuantificaran cada tipo de amor y, además, que identificasen en qué parte del cuerpo lo sentían. De este modo, se ha podido elaborar un mapa muy interesante que, por primera vez, sitúa dónde se encuentran las mariposas cuando amamos de cada una de las maneras.

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Tres encuestas para localizar el amor en el cuerpo

En la primera encuesta en línea, los participantes tuvieron que colorear el contorno de un cuerpo humano en las partes en las que sintieran cada uno de los tipos de amor que se les plantearon. Además, se tuvo en cuenta la cantidad de veces que hacían clic en cada zona.

Por otro lado, se les preguntó cómo de agradables y fuertes eran esas sensaciones para cada tipo de amor. Y, para terminar, se les pidió que comparasen unos tipos con otros.

En total, tuvieron que hacer más de 500 pruebas a través de las cuáles fueron contestando a estas cuestiones. Eso permitió comprobar algo interesante. Y es que, para empezar, el amor está siempre en el cerebro. No importa el tipo o la intensidad. Como mínimo, los participantes insistieron siempre en percibirlo en la cabeza. Nadie se deja llevar únicamente por el corazón, como a veces insisten en describir las películas románticas.

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Hay muchos tipos de amor, no solo el romántico. Crédito: Aaron Burden (Unsplash)

¿Qué es el amor?

No es fácil describir el amor. Si nos ceñimos a la definición de la RAE, puede verse como un sentimiento “de vivo afecto e inclinación hacia una persona o cosa a la que se le desea todo lo bueno” o “de intensa atracción emocional y sexual hacia una persona con la que se desea compartir una vida en común”.

Los químicos lo definirán como un cóctel de sustancias que se liberan por el cuerpo, provocando sensaciones temporales que van variando con el tiempo. Los biólogos quizás hagan referencia a los impulsos nerviosos y los sistemas de recompensa cerebral. Para los matemáticos sería más bien como un suceso que se da cuando se unen dos personas con una atracción recíproca y cuya probabilidad de salir bien aumenta a medida que lo hacen los intereses en común. Los psicólogos lo ven como una emoción compleja que involucra todo tipo de sensaciones.

También han hablado mucho de amor los filósofos. Su percepción varía mucho, según la corriente de pensamiento de cada uno. Pero, a grandes rasgos, filosóficamente puede percibirse como un impulso esencial relacionado con el deseo de buscar el conocimiento y la felicidad de otra persona. Finalmente, para el resto de los mortales, el amor puede variar según nuestras vivencias. Habrá quien lo vea como el más bonito de los sentimientos y quien crea que es lo más destructivo, desestabilizador y, a la vez, adictivo que se puede llegar a vivir. 

En resumen, algo con lo que nadie puede estar en contra es con que amar es estar vivo. A veces nos encanta y otras nos aterra, pero no podemos huir de él, porque forma parte de la vida. 

No es un mapa universal

El amor no es solo la emoción que sienten dos personas con atracción sexual y el deseo de pasar una vida juntas. El amor puede ser de muchísimos tipos: amor al conocimiento, a Dios, a los vecinos… 

Eso es lo que tuvieron que valorar los participantes en este estudio, cuyos resultados pueden verse en el gráfico inferior. Ahora bien, es importante tener en cuenta que la mayoría de voluntarios eran finlandeses, con una cultura muy similar. Los propios autores de la investigación reconocen que si se hubiesen hecho las encuestas en grupos más religiosos, por ejemplo, el amor hacia Dios habría sido mucho mayor. Todo depende del prisma desde el que se mire; porque, como ya hemos visto, hay una forma de entender el amor por cada una de los seres humanos que existen en el mundo. 

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Crédito: Rinne et al.

¿Dónde están las mariposas?

Con los participantes finlandeses, todos percibieron el amor desde el cerebro en mayor o menor medida. Algunos tipos eran más viscerales y cruzaban también por el estómago. Y sí, los más pasionales bajan también hasta los genitales.

Ahora bien, ¿qué tienen que ver las famosas mariposas en el estómago con todo esto? Es importante destacar que, para hablar de mariposas en el estómago, deberíamos ceñirnos a una definición más biológica del amor. 

Con este concepto se hace referencia a un hormigueo tangible que se percibe cuando estamos enamorados, pero también cuando nos sentimos nerviosos o ansiosos por otros motivos. Al fin y al cabo, el amor suele generarnos nerviosismo, pero en las primeras etapas casi siempre es nerviosismo del bueno.

Este hormigueo se debe, para empezar, a que en los intestinos tenemos lo que algunos conocen como el segundo cerebro. Alrededor de 100 millones de neuronas se encargan también de enviar señales e impulsar la liberación de sustancias relacionadas con nuestras emociones.

Un pequeño mito sobre el amor

No es cierto que el intestino sea un segundo cerebro. El cerebro real tiene muchísimas más neuronas, unos 85.000 millones, y se organizan de un modo muy diferente. Pero, dejando eso a un lado, sí que es cierto que intervienen en cómo procesamos nuestras emociones. Además, cuando estamos nerviosos por cualquier motivo, se tiende a enviar un mayor flujo sanguíneo a partes del cuerpo que podrían necesitarlo más, como las extremidades, para salir corriendo si fuese necesario. O los genitales, por motivos obvios cuando hacemos referencia al amor pasional.

Todo esto reduce el flujo sanguíneo del estómago, cuyas neuronas envían al cerebro una señal que se traduce con una especie de hormigueo. Como si, de verdad, millones de mariposas aletearan en su interior. 

En este estudio sobre la ubicación del amor en el cuerpo, solo se coloreó la zona del estómago con los amores hacia otros seres humanos con los que nos unen vínculos afectivos. Sobre todo si se trataba de amor romántico. Y es que, por mucho amor que tengamos al conocimiento, este no debería provocarnos mariposas en el estómago. Quizás sí las sintamos antes de un examen, pero no por amor a los conocimientos adquiridos. Por miedo a los que posiblemente no hayamos conseguido fijar. Así de versátil es el amor. Es imposible describirlo con un solo mapa universal, pero posiblemente eso sea lo que, en realidad, lo hace tan maravilloso.

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