Estilo de vida

¿Qué parte de nosotros contribuye a crear el caos externo?

¿Creamos nuestra realidad o sólo reaccionamos a lo que sucede? Un cambio de posición y una toma de conciencia pueden obrar milagros y transformar lo impensado.

ESTILO DE VIDA– 26 de diciembre 2021

El valor de estar en calma. (Foto: Adobe Stock)
El valor de estar en calma. (Foto: Adobe Stock)

Si nos atrevemos a hacernos esta pregunta, la percepción que tenemos sobre nosotros mismos y sobre el afuera se puede transformar. El lugar que decidimos ocupar frente a las circunstancias que vivimos o que padecemos se empieza a modificar. De esta manera podremos relacionarnos diferente con lo que nos pasa.

Tomar conciencia sobre los procesos internos, sobre nuestros estados, y su vinculación con aquello que sucede es un punto de partida fundamental para todo lo demás. No es simple. Tenemos resistencias y en ocasiones, el lugar de víctimas muchas veces nos queda cómodo, pero nos quita poder. Y sí. Vivimos entonces en la famosa comodidad incómoda.

Responsabilizar a “las circunstancias” nos disculpa, y nos evita hacernos cargo de aquello que está en nosotros y que somos incapaces de ver, porque duele, porque asusta o porque no estamos dispuestos a hacer nuestra parte en el asunto.

¿Qué parte de nosotros contribuye a crear el caos externo? se preguntó un día, al aire, Darío Estanga, un sabio instructor de Tai chi en El Umbral, el podcast que conduce Claudio Pérez. La transformación que sucede en nuestra vida cotidiana cuando podemos cambiar de posición y recuperar la certeza de que tenemos algo o mucho que ver con aquello que nos pasa, tiene magnitudes insospechadas. Por eso, le pedí a Darío que nos comparta algunos de sus saberes, basados en estudios y en décadas de práctica para conocer herramientas que nos pueden ayudar a modificar algo en nuestro día a día.

Cuanto más tiempo podamos estar conscientes del aquí y del ahora, mayores serán los beneficios que tendremos en todos los niveles de nuestra existencia.

“Es una cuestión de orden. Hemos sido educados para poner primero el afuera y lo interno luego. Esto es lo que genera la distorsión inicial. Cuando empezamos a invertirlo y podemos conectar con nuestro interno nos empezamos a volver más conscientes sobre cómo somos parte activa en la creación de nuestra realidad”.

“Nosotros creamos desde nuestras creencias. Cuando decimos ‘Yo creo’ nos referimos a creer y a crear. Creamos desde nuestro sentir, desde la escucha y por supuesto desde la palabra hablada. Sin embargo, la mayor parte de las veces, creamos desde nuestros automatismos y desde nuestras incoherencias. Pensamos, sentimos y hablamos como nos han dicho que teníamos que hacer. Muchas de las certezas con las que nos conducimos no son propias, y eso nos lleva al error. Estos errores, en realidad son repeticiones, repetimos patrones que nada tienen que ver con nosotros, y así vamos creando circunstancias sin ser conscientes de ello. Cuando repetimos, no estamos eligiendo” afirma Darío Estanga.

Coherencia

Todo se empieza a modificar cuando empezamos a vivir en coherencia con quienes somos. Cuando logramos que aquello que pensamos, sentimos, decimos y que hacemos no esté en contradicción, el afuera se empieza a facilitar. “Es muy interesante lo que sucede cuando empezamos a escucharnos. ‘¿Esto que estoy diciendo, es realmente lo que pienso? ¿Es de verdad lo que siento?’. Escuchar lo que hablamos hace que además se pongan en funcionamiento ambos hemisferios del cerebro, en simultáneo y también nos ayuda a develar estos automatismos.

A mayor coherencia, mayor facilitación. La vida empieza a mostrarnos sincronías y las señales se empiezan a ver con más claridad. De todas maneras, es bueno saber que el hecho de que aparezcan señales, no significa que debamos seguirlas”, afirma el sabio instructor de Tai chi y músico.

La atención entre el adentro y el afuera es una práctica cotidiana fundamental para saber cómo estamos, qué debemos modificar, que estados inconscientes pueden estar operando.

La respiración, la meditación y la alimentación sana favorecen la no violencia. (Foto: Adobe Stock)
La respiración, la meditación y la alimentación sana favorecen la no violencia. (Foto: Adobe Stock)

Cambiar la velocidad

Otra de las acciones que nos puede ayudar a transformar nuestros estados es cambiar la velocidad en la que hacemos las cosas. Darío nos trae un ejemplo muy claro: “Cuando uno va por la ruta en un auto a 120 km por hora, los árboles, simplemente pasan. Cuando uno aminora la velocidad tiene tiempo y posibilidad de contemplar el paisaje, de observar sus matices y las características particulares de cada elemento que compone aquello que vemos. Al bajar la aceleración, uno comienza a encontrar contrastes y eso enriquece nuestra vida. En una velocidad diferente, además, nos es posible practicar la presencia. Cuanto más tiempo podamos estar conscientes del aquí y del ahora, mayores serán los beneficios que tendremos en todos los niveles de nuestra existencia.

“Practicar movimientos lentos y relajados no sólo nos modifica la forma de actuar, sino también la de pensar, la de sentir y toda nuestra percepción”, aegura.

Quietud

Además de instructor de Tai chi, Darío Estanga practica y enseña Chi Kung. “Antes de empezar a moverse, hay algo previo que se llama Chi kung, y es el arte de la energía que tiene que ver con la quietud. La raíz del movimiento es el no movimiento. Nuestros estados también pueden modificarse si podemos realizar prácticas de quedarnos quietos. Tomarnos el tiempo de permanecer en una postura contemplativa y relajada posibilita el comienzo de un movimiento interno. De a poco, el Chi, nuestra energía vital, comienza a liberarse. Cuando esto sucede, empezamos a sentir calor, un hormigueo, una suave vibración. A partir de la quietud, nos volvemos más sensibles y nuestra forma de andar se modifica naturalmente y sin esfuerzo. Un pequeño pasó es no dar ningún paso.

En estos días de gran intensidad y de tantos movimientos, podemos desacelerar nuestro ritmo de forma consciente. Quizás no sea posible hacerlo en las grandes cosas, pero si podemos proponernos modificar la velocidad con la que realizamos las tareas cotidianas. ¿A dónde estamos yendo tan apurados? ¿Qué esperamos lograr? ¿Para qué necesitamos llegar antes, resolver más rápido? ¿Que nos impide ver la inconsciencia y la aceleración?

En ocasiones la respuesta que buscamos aparece cuando lavamos los platos, cuando ordenamos el placard y en ese proceso de formar el bollo, si nos damos el tiempo de amasar. La confirmación de que todo estará bien, nos llega al observar el brote que nació de forma inesperada en el balcón. El alivio interno emerge cuando logramos percibir otra dirección del viento que nos lleva a inspirar y exhalar de un nuevo modo. Si no nos detenemos, seremos incapaz de apreciar los movimientos y los mensajes que en verdad son significativos.

Meditar para estar en nuestro centro. (Foto: Adobe Stock).
Meditar para estar en nuestro centro. (Foto: Adobe Stock).Por: olezzo – stock.adobe.com

Un cambio de velocidad nos irá llevando a un mejor estado posible. Un momento de quietud y de contemplación podrá hacer que emerja en nosotros una fuerza y una vitalidad que habíamos olvidado, una energía que desestimamos cuando nos gana la ignorancia, el hábito, la repetición. El no movimiento no es cobardía, ni vagancia, ni debilidad. Necesitamos cambiar muchas creencias y permitirnos otro tiempo posible para vivir aquello que se nos propone y en el mejor de los casos, aquello que creamos y que elegimos.

Estamos acostumbrados a creer que las mareas colectivas nos arrastran y que nosotros flotamos en ellas como cáscaras de nuez navegando en las corrientes cambiantes, o naufragando a causa de ellas. “Le damos mucho poder al afuera y eso es una creencia que podríamos empezar a deshacer” afirma Darío Estanga.

¿Qué pasaría entonces si invirtiéramos la fuerza, si nos atreviéramos a tomar responsabilidad y recuperáramos la certeza de la creación?

Hay otras posibilidades que esperan por nosotros. Animémonos a manifestarlas.

Que así sea.

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