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‘Madres paralelas’, crítica: el regreso a los orígenes y al mejor Pedro Almodóvar

‘Madres paralelas’, la más reciente película de Pedro Almodóvar, es un resumen de todas las obsesiones del autor. Pero también es una historia profunda y emocional que despoja al director manchego de sus máscaras favoritas.

ENTRETENIMIENTO: 9 de octubre de 2021

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Las mujeres siempre han obsesionado a Pedro Almodóvar. Pero en especial, el director manchego está maravillado con la naturaleza de lo femenino, una sutileza importante. Madres paralelas, su más reciente film, resume el tránsito del realizador por sus temas más queridos y le permite innovar en la forma de tratarlo. 

Si en sus anteriores películas Almodóvar mostró mujeres asombrosas, temibles, al borde de crisis o elevadas por la idealización, ahora las contempla con ternura. Lo hace desde una madurez cinematográfica que emociona y conmueve. Y que también demuestra la forma en la que el autor encuentra la manera justa de analizar sus premisas.

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Como otras tantas películas de Pedro Almodóvar, la película es un melodrama de amplio alcance. Pero esta vez comienza con una escena pequeña y dolorosa en una sala de hospital en la que dos mujeres aguardan el nacimiento de sus hijos. Janis (Penélope Cruz) y Ana (Milena Smit) tienen concepciones distintas sobre la maternidad y también miradas contrapuestas sobre la complejidad del futuro. O podrían serlo, si acaso ambas pudieran analizar el tema desde el mismo punto de vista. 

En realidad, tanto una como la otra tienen miedo. Tanto Janis como Ana son madres solteras. Una y otra comprenden sus dolores y el miedo relativo a la soledad de ese gran acto físico y moral que cambiará sus vidas. Pero también desean parir, como deja claro Janis en uno de sus asombrosos y sorpresivos diálogos. La dualidad del discurso se hace cada vez más abrumadora a medida que el hecho físico del parto se acerca. 

Y es esa capacidad del guion para sostener una mirada sobre el tiempo y las esperanzas lo que hace a la película de una delicadeza asombrosa. Pedro Almodóvar celebra la maternidad. Pero también comprende y reflexiona sobre el hecho consistente de qué se le exige a la mujer al ser madre. No se trata de una premisa sencilla, tampoco de una relación venial con la idea de lo femenino enfrentado a una idea esencial de sí misma. 

Lo que hace a Madres paralelas una obra inusual en la filmografía del director es la manera en la que el melodrama se sustituye por un análisis sentimental completo. Almodóvar, acostumbrado a los excesos, florituras y a una noción sobre el dolor subrayado por lo estrafalario es mucho más comedido que nunca. Pero no en la forma en que muestra o relaciona su trabajo con la puesta en escena. Por supuesto, no sería Almodóvar sin el desfile de colores brillantes. Pero en esta ocasión, el recurso es de una simbología contundente. 

Ser madre, la maternidad y el amor en ‘Madres Paralelas’ 

Sin duda, Madres paralelas es una heredera directa de Hable con ella y Dolor y gloria. En las tres películas, el dolor humano lo es todo y Pedro Almodóvar lo analiza desde metáforas cuidadosas sobre el temor, la vida y la muerte. En esta ocasión, toma además decisiones complicadas para crear personajes con una vida interior densa. 

En su mejor actuación desde Volver, Penélope Cruz brinda a su Janis una perspicacia emotiva que resulta electrizante. Como fotógrafa, es la encarnación del registro del dolor. En la búsqueda del pasado familiar, es también una línea que Almodóvar utiliza para seguir los recovecos del pasado.

Pero es su faceta como madre la que descubre hasta qué punto Almodóvar puede llevar su versión sobre las mujeres a algo más intenso. Usualmente, las mujeres Almodóvar encuentra la autorrealización en actos extremos y portentosos. En epopeyas sentimentales o en fundamentos radiantes que iluminan sus espacios interiores. 

Janis también lo hace, pero además exacerba el sentido de Pedro Almodóvar sobre la mujer como un crisol de sentimientos y pensamientos poderosos. Cruz crea un personaje de una potencia gigantesca, pero también de una secreta fragilidad que muestra en momentos muy precisos. Como el drama que es, Madres paralelas celebra el tiempo y las transiciones de lo que atemoriza. Pero a la vez sustenta y construye una mirada sobre el pasado, el bien y el mal que sorprende por su madurez. Almodóvar no renuncia a sus temas favoritos. Los recrea, profundiza y delinea con nuevos contextos para llevarlos a nuevas dimensiones. 

Todos los poderes misteriosos

Madres paralelas

El contraste de un personaje como Janis es la adolescente Ana (Smit), a través de la cual Almodóvar logra expresar los temores marginales de la maternidad. El personaje es de una delicadeza que emociona, pero a la vez tiene un brillo interior que la hace fuerte incluso en circunstancias confusas. 

A través de ella, el director logra enlazar la fortaleza a toda prueba de Janis con cierto baremo sobre la oscuridad interior. Allí en donde Janis es todo esplendor, decisión y la plena mujer Almodóvar. Ana es pequeña, rota a fragmentos.

Pero la unión de ambas cosas, logra crear algo poderoso que desconcierta por su belleza. Pedro Almodóvar expresa un caleidoscopio del amor, la entrega, la oscuridad y la luz de sus personajes a través de una trama bien construida. Y si por momentos parece que el film depende en exceso de los tics y diálogos profundos, en realidad es un truco. Uno bien construido. Madres paralelas es en realidad todos sus extremos combinados en una magnífica puesta en escena. 

De nuevo, Almodóvar juega a maestro de ceremonias de un gran drama humano. Y lo hace bien, con la asombrada pericia de un hombre que contempla a las mujeres con curiosidad y desconcierto. Una mínima historia que envuelve otras tantas y que se eleva radiante para contar lo que hay más allá de la maternidad. Del dolor, del amor y quizás de la belleza. 

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