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La Abrita y un sueño hecho realidad

La Abrita es una huerta orgánica y biodinámica donde Rosmery y su familia viven desde hace 22 años. La huerta está ubicada al pie de la cordillera de Sama, en la comunidad de la Victoria

DEPARTAMENTALES: 04/09/2021

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María Rosmery Condori  Zenteno es tarijeña, creció en Tomatitas, al lado de sus abuelos, quienes desde pequeña le inculcaron el profundo amor por la tierra y toda la naturaleza. Hoy su memoria evoca con mucho amor a su abuelo, pues éste le enseñó a cuidar las plantas mirando la luna, y en algunos casos orando y meditando.

“Él sabía cuándo iba a helar, cuándo iba a granizar, incluso elaboraba sus propias medicinas”, cuenta con el orgullo de una niña emocionada. Pero aquellos recuerdos de su infancia no quedarían en eso, ya que le impulsaron a iniciar la carrera de agronomía. Sin embargo, más tarde se dio cuenta que las enseñanzas de las aulas estaban lejos de lo ancestral.

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Esto de cierta manera le provocó una crisis emocional. “Había muchas cosas que no podía entender y  tuve una crisis cuando salí de la universidad”, afirma. Sin embargo, fue más fuerte el conocimiento que le heredó su abuelo, y así siguió adelante con la visión puesta en promover lo natural.

Tiempo después se especializó en riego, en lo que ha trabajado más de 25 años; específicamente en la construcción de riegos por gravedad. “Siempre he estado pegada al agua, pues creía que era lo más importante para la producción, para que el agricultor pueda salir adelante”, detalla y recuerda que desde siempre donde iba luchaba para que el campesino pueda conservar su sabiduría, aunque reconoce que éste es un trabajo de hormiga.

Un sueño hecho realidad

La Abrita está ubicada al pie de la cordillera de Sama 

Hoy Rosmery se siente feliz, cuenta que a esta altura de la vida ha podido demostrar el valor y la importancia de la producción biodinámica y agroecológica. Sueño que con mucho esfuerzo se ha traducido en La Abrita.

La Abrita es una huerta orgánica y biodinámica donde Rosmery y su familia viven desde hace 22 años. La huerta está ubicada al pie de la cordillera de Sama, en la comunidad de la Victoria.

Rosmery y su familia (su esposo y sus tres hijos) han desarrollado una envidiable forma de vida, en contacto total con la naturaleza. “Hemos convertido a este lugar en nuestro hogar”, dice feliz, pero eso no es todo.

La Abrita es una microempresa familiar que realiza producción orgánica de arándanos, espárragos, frambuesas y uvas, pero además hacen jugos de Arandauva (Arándano con uva), jugo de arándano; sumado a ello producen hierbas aromáticas y medicinales.

¿Pero cómo finalmente se consolida este sueño? Rosmery le cuenta a El País que esto nace por temas de salud. Su esposo tenía problemas del corazón y necesitaba comer alimentos saludables, reducir carnes y azúcar.

“Teníamos la uva y empezamos a multiplicar la Uva Monterrico, producimos jugo y también arándano y los excedentes los comenzamos a vender. Luego de ello con el apoyo de algunos proyectos aprobados por el Municipio hicimos jugo de arándano y uva; también Arandauva”, cuenta.

Más aún, un año clave para este sueño fue el 2017, pues a partir de éste se fortalecieron tras participar en un encuentro con muchas personas de Argentina, Perú y Bolivia. “Ahí nos visualizamos como una tierra de reconexión y fortalecimos nuestra visión y la ampliamos”, dice Rosmery.

Relata que a raíz de esto comenzaron con el cultivo de las hierbas naturales, y la imagen de huerta biodinámica de reconexión con la naturaleza se consolidó. “Planteamos la reconexión con los cuatro elementos: tierra, aire, fuego y agua”, detalla.

Pero no solo eso, pues también comenzaron a trabajar en el tema espiritual y la protección del medioambiente, así dieron charlas a los colegios, La Salle, Felipe palazón y escuelas rurales. Los estudiantes y maestros observaron su trabajo espiritual en la tierra y La Abrita dejó en claro la importancia de vivir reconectados.

Sumado a ello hoy la huerta también posee una oferta de turismo, “Hemos trabajado con Tarija, Aromas y Sabores (TAS) y hemos sido certificados”, dice Rosmery y añade que en cuanto al turismo poseen hospedaje, aunque con la pandemia por Covid-19 esto ha quedado paralizado.

¿El golpe o impulso de la pandemia?

Aunque la pandemia les ha frenado el hospedaje, La Abrita continúa recibiendo visitas los fines de semana o entre semana, pues como cuenta su propietaria muchas personas a raíz de la pandemia han tomado conciencia de la importancia de la naturaleza y de los productos naturales.

En las visitas a la huerta que ofrecen se muestran los beneficios de los productos, el proceso de elaboración, el cultivo de las plantas y se disfruta grandemente del contacto con la naturaleza.

“En este tiempo, de Tarija ha venido mucha gente, un poco buscando la conexión con la naturaleza, han traído a sus niños y jóvenes para que puedan caminar por aquí, También para que puedan tener contacto con la cordillera de Sama”, explica nuestra entrevistada.

Añadido a esto en este tiempo también han ofrecido almuerzos saludables bajo el principio de lo saludable para el cuerpo, alma y espíritu, “porque somos lo que comemos”, resalta Rosmery.

El trabajo en la huerta

  Los cultivos en La Abrita 

Rosmery destaca que los arándanos de La Abrita son los más deliciosos, puesto que son regados con agua de la montaña al igual que las uvas. Pero todo lo que en la huerta se produce conlleva un esfuerzo.

En la actualidad tienen en la huerta un agricultor como personal permanente; además al ser un emprendimiento familiar también trabaja el esposo de Rosmery como responsable de la huerta, de los cuidados y demás. Rosmery está encargada de la comercialización y su hijo mayor se encarga de los temas de marketing. Sus otros dos hijos ayudan con la preparación de los suelos, la poda, entre otros.

Y aunque nuestra entrevistada reconoce que Tarija no es el mejor mercado para esta clase de productos -porque no hay mucha demanda- afirma que ellos han llegado a otros mercados como ser Santa Cruz, Oruro y Pando desde donde les llegan pedidos. 

Su visión a futuro es esperanzadora, sus productos ya están presentes en tiendas agroecológicas como Alma Tierra, ubicada frente al hospital Obrero.

Destaca que cuentan con la certificación SPG (Sistema Participativo de Garantía) que se establece por ley para los productores ecológicos. “Estamos certificados como un producto orgánico. Hemos cumplido toda la normativa, eso es una garantía para nuestros clientes. No usamos químicos”, destaca Rosmery. 

  Rosmery junto a su esposo

El nacimiento de ASEMAT, sus retos y gran impulso  

El coincidir con productores agroecológicos en Alma Tierra ha llevado a los emprendedores de La Abrita y a otros a unirse y organizarse. De esta manera nació la Asociación Solidaria de Emprendedores Agroecológicos de Tarija (ASEMAT), cuyo objetivo es “fortalecer la producción agroecológica para la soberanía y seguridad alimentaria, como modelo de gestión productiva, justa, inclusiva y sostenible, para transformación social”.

Rosmery es la presidenta de ASEMAT y actualmente están tramitando la personería jurídica. “Estamos 15 emprendedores de diferentes municipios y provincias de Tarija, lo bueno es que los agricultores agroecológicos son personas comprometidas”, añade.

Cuenta que la asociación nació con la pandemia y ese espíritu de conservar la naturaleza y convivir de la mejor manera con ella. Detalla que ya han participado de la cumbre departamental y nacional de los sistemas alimentarios, sumado a ello su propuesta nacional ya ha sido llevada a la pre-cumbre en Roma. Anuncia que también participarán en septiembre de la cumbre mundial que se efectuará en Nueva York.

El objetivo de unir fuerzas es también fortalecerse, crecer e incluso en el futuro fabricar sus propios envases, considerando que la mayoría, como La Abrita, usa envases de vidrio y no de plástico por la conservación del medioambiente.

Entre sus metas a corto plazo están la de desarrollar ferias agroecológicas los días miércoles para impulsar a los productores, pero también está la de buscar financiamiento para crecer y ser proveedores de productos para las canastas alimentarias y desayuno escolar.

«No solo trabajamos a nivel Tarija, también estamos unidos con Cochabamba, Santa Cruz y La Paz. Estamos en eso y confiamos mucho en nuestra energía y fuerza, tenemos el impulso de la gente que ahora por la pandemia se ha dado cuenta de la importancia de lo natural” concluye Rosmery con el optimismo que la caracteriza. 

Danitza Pamela Montaño-El País

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