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¿Hay motivos para celebrar el Día Mundial del Turismo?

NACIONALES: 26 de septiembre de 2021 ·

En puertas de celebrar una vez más el Día Mundial del Turismo, este 27 de septiembre, estimo que en todo el mundo, y por segundo año consecutivo, no hay muchos motivos para ello. Y es que ha sido este sector el más golpeado y afectado por la pandemia, aunque el panorama para lo que resta del año parece ser más alentador para el rubro y para los países que trabajaron en serio en su reactivación turística, a ellos les significará una recuperación económica más rápida y sostenible. Para varios países y el nuestro, que han transitado por un proceso lento, conformista y sin norte en los últimos 30 años, será más difícil, pero igual, celebraremos con o sin motivo.

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travel bags and airplane in sky

Y es que los procesos de reactivación del turismo no fueron de los mejores. Desde los municipios, gobernaciones y el mismo Estado dejaron sabor a poco, o casi nada, con algunos esfuerzos, pero sin los resultados esperados; no estuvieron a la altura de la necesidad y el desafío. Un centenar de empresas turísticas pequeñas, medianas y hasta grandes cerraron y dejaron a cientos de familias sin empleo, emprendimientos comunitarios desolados sin un visitante y con condiciones de vida desmejoradas notoriamente, hoteles sin huéspedes, restaurantes sin comensales, paquetes turísticos inexistentes, aviones en tierra, etc. , algo así como vivir un turismo sin turistas, ese fue el escenario en general.

Para corroborar los conceptos de proceso lento, conformista y sin norte, apelaremos a datos de los últimos 20 a 30 años del movimiento de turistas extranjeros, así comprobaremos que, en el caso de nuestro país, no tuvo un incremento significativo a comparación de otros vecinos que lograron cifras alentadoras, aún cuando en contrapartida somos un país con una riqueza inmensa en patrimonio cultural, natural y biodiversidad. Veamos, en 2000 logramos atraer a 306 mil turistas extranjeros, sólo 90.000 más que en 1991, año en que llegaron 217 mil turistas; en cambio, Perú en 2000 recibió a un millón de visitantes extranjeros, un incremento de 768 mil turistas desde 1991, año en el que tuvo 232 mil llegadas del exterior. En tanto que Ecuador, que en 1991 recibió a 365 mil turistas extranjeros, en 2000 tuvo la visita de 615 mil visitantes del exterior, un incremento de 250 mil turistas en 10 años.  

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Ahora veamos cifras y datos de movimientos de turistas, 19 años después, publicados por instituciones y organismos internacionales (no se contabiliza el 2020 por el tema de la pandemia que paralizó el mundo). Bolivia registró en 2019 la llegada de 1,2 millones de visitantes extranjeros, Perú recibió ese mismo año 4,3 millones de turistas del exterior. En cambio, Ecuador en 2019 registro 2,1 millones de visitas del exterior. Los datos y las brechas son elocuentes y con ellas ocupamos el antepenúltimo lugar en Sudamérica en turismo receptivo, delante de Paraguay y Venezuela. Los grandes resultados de estos países vecinos radican en que convirtieron a la actividad turística en una opción real de su desarrollo económico y en una política prioritaria de Estado, abrieron instancias de promoción pública-privada, estratégicas, con recursos económicos garantizados, con directorios elegidos, con estructura, planificación y con autonomía de funcionamiento.   

Por otro lado, tenemos asignaturas básicas que debemos resolver. Si bien estamos pasando la etapa dura de la pandemia y se ha dado luz verde al turismo interno, en el que aparecieron nuevos atractivos, que han llamado la atención de mucha gente que decidió visitar estas zonas, lamentablemente algunos lo hicieron sin la planificación e intervención debida, sin tomar en cuenta la normativa que deben cumplir o hacer cumplir los municipios y las gobernaciones, ejemplo claro es lo ocurrido hace unas semanas en la localidad o nevado de Charquini, en La Paz, y la muerte de una persona, lo que desnudó una vez más nuestras limitaciones y falencias en materia turística, provocando irónicamente que recién los actores se sienten en la mesa para intervenir en los procesos de planificación y control.

Estamos a tiempo de sentar las bases de un desarrollo turístico en serio, poner la piedra fundamental para la existencia de una política turística de Estado, en la que municipios, gobernaciones y emprendimientos comunitarios delineen y sea su base para el diseño e implementación de sus políticas turísticas locales y/o departamentales. De otra forma, seguiremos haciendo gestión sin un norte, sin dar pie con bola, realizando eventos programados o lo que se le ocurra a un funcionario o autoridad, seguiremos mirando cómo los países vecinos se alejan más desarrollando y promoviendo su turismo, y continuaremos celebrando los venideros días del turismo en el conformismo.    

Carlos Marín Peñaranda es investigador y gestor en turismo (Página Siete)

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