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El payaso inocente: Brayan busca recuperar la vida que le robó un crimen no cometido

«Cuando salía al patio y a la canchita con los otros internos, me miraban y me decían ‘no te preocupes, te creemos, aquí todos somos inocentes'».

«Me ponía a llorar, mientras me preguntaba qué iba a ser de mi hija, conmigo encerrado», es parte del relato de Brayan Ríos, durante las primeras jornadas fuera de la cárcel, en la que pasó tres años y siete meses detenido por un crimen que no cometió.

El feminicidio de Alexandra Rodríguez, en 2018, causó polémica a nivel local y nacional, sobre todo por las circunstancias en las que fue hallada, con un disparo en la cabeza y sospechas de un presunto atraco. Brayan fue el principal sospechoso, pues en ese momento eran exnovios y había sido la última persona con la que la joven tuvo contacto noche anterior.

CHARLOTTE

Su pequeña hija, cuyo nombre y mano lleva tatuados en el pecho, es una de las personas que más añoraba su libertad. A su corta edad, no comprendía porqué su padre no podía salir con ella cuando iba a visitarlo al penal de San Sebastián y debían despedirse.

«Al principio tenía que mentirle y decirle que San Sebastián era un cuartel y que yo tenía que quedarme ahí hasta acabar, per los niños entienden todo», indica.

Hoy, ya libre, la primera persona en abrazarlo muy fuerte fue su hija de cinco años de edad, al momento de su detención Charlotte tenía apenas dos.

«Justo acabo de inscribirla al kínder, estamos yendo a comprar sus libros y todo lo que necesita para el inicio de las clases. Estoy muy feliz de poder formar parte de esta etapa de su vida, en libertad y siempre juntos», señala, con la voz quebrada.

Durante la entrevista con OPINIÓN, padre e hija permanecieron siempre juntos. La pequeña manifiesta que «cuidará» a su papá en adelante y que «no lo volverá a dejar solo».

Según cuenta Brayan, la pequeña lo sigue a todos lados, incluso cuando va a la tienda o quiere «dar una vuelta» por la cancha para encontrar trabajo. «Me dice ‘papá, dónde vas, vamos los dos'».

Charlotte es la única hija de Brayan, producto de una relación pasada. Él y la madre de la niña sostienen una relación cordial.

ENCARCELADO

A sus 24 años, el fútbol, su pasión y hobby, fue una de las actividades que le permitieron ganar amistades dentro del penal de San Sebastián, en el cual al principio se la pasaba solo en su celda, sin ganas de alimentarse ni de continuar.

«Luego cuando ya salía al patio y a la canchita con los otros internos, me miraban y me decían ‘no te preocupes, te creemos, aquí todos somos inocentes’. Aprendí a reírme y ya después fui haciendo amistades», relata.

OTRA OPORTUNIDAD

Ser payaso, el fútbol y la orfebrería son las actividades favoritas que Brayan retomará en los próximos días.

«Me siento totalmente renovado y muy agradecido, tras haber batallado casi cuatro años contra esta injusticia. Los fiscales no hicieron bien su trabajo e injustamente estuve encarcelado por tres años y siete meses. Nadie me devolverá la vida, el tiempo que he estado ahí adentro. Es un pedazo de mi vida que me han arrancado», manifiesta.

Hoy, su prioridad es encontrar trabajo o, en todo caso, recibir nuevos contratos, ya que continuará con su labor de payaso y animador de fiestas infantiles en Cochabamba. Para ello, el jueves y viernes se encontraba en el sector de venta de dulces y piñatas del mercado La Pampa, probando un poco de suerte para reiniciar su vida.

Comenta que el largo proceso que vivió, apoyado por su madre y hermanas, tuvo un alto costo económico que dejó a la familia endeudada y con varios compromisos.

«Lo primero es saldar esas deudas. Todos recurrieron a todas partes para ayudarme, mi mamá, mis hermanas. También tengo pendientes con mi hija y su madre».

Recibido por su familia, a la salida del penal, Brayan no pudo contener las lágrimas de felicidad al reunirse con sus seres queridos.

En una entrevista con ATB, la madre de Brayan expresó lo difícil que fue mantener tranquila a su nieta a pesar de los años difíciles que todos vivieron a causa del encierro de su hijo.

Brayan señala que, a pesar de tener la confesión del segundo implicado en la muerte de Alexandra, el cual era chofer de confianza de ella, la Fiscalía aún no cambió los papeleos y al parecer será otro proceso que demorará un tiempo.

A pesar de ello, asegura que nada le quita la felicidad y que continuará construyendo su vida y recuperando el tiempo perdido con su hija, su «principal motor».*

opinion

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