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Anticipan un 2022 complejo, con falta de dinero y menor crecimiento

El sector productivo del país considera que para este año es vital potenciar el capital humano, reducir el gasto público, no ‘ahogar’ al empresariado con la presencia estatal y seguir apostando por el diálogo

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Foto: Ricardo Montero Foto: Ricardo Montero

El panorama económico de 2022, de acuerdo con las proyecciones del aparato productivo privado del país, presentará un escenario complejo con nuevos problemas que pondrán a prueba la capacidad de gestión del Gobierno, la sagacidad del empresariado boliviano y el compromiso del resto de la población.

¿Por qué más complejo que 2021?Debido a que -según el Fondo Monetario Internacional (FMI)- el dinamismo en el crecimiento de la economía global será menor. Si en 2021 el Producto Interno Bruto (PIB) del mundo creció un 5,9%, este año será del 4,9%.

Mientras que, para América Latina y el Caribe el panorama es más gris, dado que, si el año pasado el PIB de la región creció un 6,3%, el mayor del planeta, solo por debajo de las economías asiáticas (7,2%), este año tendrá una caída estrepitosa, ya que su PIB apenas crecerá un 3%.

Es en este contexto en el que el país deberá lidiar y absorber de la mejor manera los efectos negativos que seguro impactarán en la economía nacional, ya que Bolivia no es una isla.

Ibo Blazicevic, presidente de la Cámara Nacional de Industrias (CNI), considera que la incertidumbre va a seguir presente durante esta gestión. Que la aparición de nuevas cepas, la persistencia de un alto porcentaje de la población que no se ha vacunado y la falta de una línea clara en la política económica son factores negativos.

En este escenario, la industria está enfrentando problemas particulares, como una reducción de la liquidez, menor acceso al crédito (falta de dinero) y un creciente contrabando, sostuvo el industrial.

En la misma línea, Jean Pierre Antelo, presidente de la Federación de Empresarios Privados de Santa Cruz (Fepsc), considera que a escala mundial se pronostica un panorama económico complejo. Con un incremento en la tasa de inflación, bajo acceso a recursos de financiamiento (escasez de dinero) y una cadena logística de importación todavía con dificultades. El país no es ajeno a las amenazas sanitarias y económicas. En el sector público se prevé que el déficit fiscal esté alrededor del 8%, la deuda acumulada estará muy cerca del 50% del PIB y la renta petrolera no tendrá una recuperación importante, observó Antelo.

El empresario remarcó que 2022 será muy difícil y con poca voluntad política. A tiempo de puntualizar que los efectos de la pandemia son impredecibles, por lo que resulta difícil hacer previsiones de mediano alcance, precisó Antelo.

Rolando Kempff, presidente de la Cámara Nacional de Comercio (CNC), cruza los dedos para que se cumpla la meta de crecimiento (5,1%), anticipada por el Gobierno en el Presupuesto General del Estado, pero de acuerdo con las estadísticas que maneja la institución el PIB durante esta gestión no crecerá más del 4%.

Las menores condiciones de inversión pública, el incremento de las obligaciones de la deuda pública (interna y externa) del Gobierno y el freno de los buenos precios de las materias primas que el país exporta son los factores que afectarán al desempeño económico.

Kempff cree que el Gobierno debe priorizar una agenda de articulación público-privada que permita diseñar e implementar medidas económicas oportunas y de impacto para poder generar mejores indicadores en 2022; mucho más considerando que serán comparados con los generados con 2021 que -por el efecto rebote de la economía- son positivos frente a los generados en una gestión atípica como la de 2020.

Para el Centro Boliviano de Estudios Económicos (Cebec) de la Cainco, 2022 se configura como moderado. Puesto que durante 2021 el crecimiento del PIB podría llegar a ser mayor al 6% por el crecimiento de minerales (50% hasta octubre) e hidrocarburos (6%). La proyección para este año es más bien modesta (3,5%) y menor a los pronósticos oficiales.

La recuperación del sector no alimenticio recién se iniciará este año. Para otros, como la construcción y el turismo la evolución de la pandemia y del financiamiento apuntan a que todavía no será un año que permita retornar a niveles prepandemia, anotan desde el Cebec.

Para los agroindustriales, menos golpeados por la pandemia, según el centro de estudios, no se avizoran proyectos importantes ni políticas que permitan aprovechar el buen ciclo de precios a escala internacional.

En lo externo, la necesidad de financiamiento será un cuello de botella que pondrá en juego la capacidad del Gobierno para acceder a nuevos préstamos que permitan impulsar la reactivación económica. La falta de dinero será el otro dolor de cabeza.

Nuevos problemas

Blazicevic precisó que uno de los problemas para esta gestión es seguir priorizando el capital humano (trabajadores), que a su criterio resultó fundamental en un momento en el que se rompieron los canales y esquemas de producción.

En la era pospandemia está claro que aquellas empresas que cuiden y desarrollen mejor al capital humano con el que cuentan, serán las que logren subsistir, indicó Blazicevic.

Un segundo desafío es la urgencia de ajustar las formas de producción hacia esquemas más sustentables, no solo por un factor de responsabilidad social, sino también por todas las oportunidades que una forma responsable y consciente de producción representa para las industrias.

Kempff considera un factor determinante mejorar el índice de vacunación de la población boliviana, puesto que esto permitirá generar mayor certidumbre y sostenibilidad a las diferentes actividades económicas en el país con miras de la reactivación completa.

Asimismo, el regreso ordenado y completo a la actividad presencial educativa en los diferentes niveles, será una señal de mejores condiciones en el manejo de la pandemia. Es otro de los problemas a resolver en esta gestión. Un factor no tan visible, pero que preocupa es una posible escasez de gas natural, por ello la reconversión energética de las empresas, no únicamente a electricidad, sino también al uso de energías alternativas y limpias es importante, señaló Kempff.

El Cebec hace notar que en esta gestión se debe analizar seria y técnicamente el rol del Estado en la economía. Esto incluye la factibilidad técnica de las empresas estatales, tanto actuales como proyectadas, que han sido deficitarias a escala global y cuyas inversiones tendrían bajos retornos, pese a las condiciones concesionales de financiamiento.

De igual forma, el mayor tamaño del Estado ha reducido las posibilidades de crecimiento del resto de la economía, principalmente familias y emprendimientos. En efecto, la creciente participación del Estado en la economía ha implicado mayores necesidades de financiamiento para solventar sus operaciones; ya en los primeros tres trimestres de 2021, el Tesoro General de la Nación retiró más de Bs 7.000 millones del sistema financiero, principalmente de las AFP, que podrían, de acuerdo con el Cebec, dinamizar la recuperación de la actividad y el empleo formal, que genera recursos genuinos para las actividades estatales.

Otro de los desafíos, que por lo reiterativo no es menos importante, es lograr concretar un escenario de diálogo entre el Gobierno y el empresariado privado y que este se plasme en resultados y no solo en anuncios de buenas intenciones.

El Deber

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