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Adelanto exclusivo | Caos e improvisación: los secretos sobre la salud de Maradona revelados en el nuevo libro de Nelson Castro

El autor accedió a archivos secretos, entrevistó a testigos que hasta el momento no habían hablado y se valió de documentos inéditos

ENTRETENIMIENTO: 29 de octubre 2021

El libro de Nelson Castro revela la trastienda de la madrugada en la que murió Diego Maradona.
El libro de Nelson Castro revela la trastienda de la madrugada en la que murió Diego Maradona.

El periodista y médico Nelson Castro presentó “La salud de Diego. La verdadera historia”, a pocos días de cumplirse un año de la muerte del Diez. El descontrol en la alimentación, las rutinas, las adicciones y las 25 horas sin levantarse.

Castroaccedió a archivos secretos, entrevistó a testigos que hasta el momento no habían hablado y se valió de documentos inéditos. El resultado quedó plasmado en la publicación de Editorial Sudamericana, que ya puede adquirirse.

A modo síntesis, aborda el relato de una caída vertiginosa y triste: la biografía íntima y trágica de un ser humano que interpeló desde el fútbol y desde distintos aspectos políticos y sociales a los argentinos y también al mundo.

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Adelanto exclusivo | Caos e improvisación: los secretos sobre la salud de Maradona revelados en el nuevo libro de Nelson Castro

“Aunque todo lo escrito aquí es real, la historia que está a punto de comenzar tiene ribetes novelescos y, por momentos, supera cualquier ficción imaginable”, expresó Castro.

La publicación no solo aborda los últimos y más recordados episodios ocurridos en la vida de Maradona, sino también desde las primeras lesiones óseas y musculares en Fiorito hasta las extenuantes campañas deportivas en Europa. Desde su extraordinaria fortaleza muscular hasta el dolor físico y anímico al que intentó sobreponerse dentro y fuera de la cancha.

CAPÍTULO 14: LA MUERTE

Un cuarto junto a la cocina y el lavadero, con la ventana tapiada. Caos e improvisación. Edema en las piernas e hinchazón del abdomen. Numerosos alertas ignorados. Diagnósticos contrapuestos, justificaciones y deslinde de responsabilidades. Rechazo violento a médicos y acompañantes. Planillas mentirosas y firma falsificada. “O perdemos la matrícula y vamos en cana, o seremos semidioses”. Descontrol en la alimentación. Veinticinco horas sin levantarse. Los avisos de un cuerpo al límite. Entre informes contradictorios, silencios y vacío de información. “Se debe estar haciendo el dormido”

Maradona abandonó la Clínica Olivos a las 17:52 del miércoles 11 de noviembre de 2020. Estaba lúcido, sin signos de agresividad ni impulsividad. Había descansado bien y tenía apetito. En ese momento tomaba cuatro medicamentos psiquiátricos: quetiapina, 100 mg (medio comprimido por la mañana, uno a las 16, otro por la noche); venlafaxina, 150 mg (un comprimido por la mañana); disulfiram, 250 mg (medio comprimido por la mañana durante los primeros tres días, uno a partir del cuarto), coadyuvante de programas de deshabituación en pacientes con alcoholismo crónico; y gabapentina, 300 mg (un comprimido por la noche), originariamente utilizada para tratar las convulsiones, se indica para el dolor neuropático (de los nervios periféricos, producido por una inflamación o una lesión), puede causar hemorragias o hematomas inusuales, erupciones en la piel, urticaria, fatiga grave o debilidad, infecciones frecuentes y trastornos respiratorios. Además, tenía indicados dos comprimidos de vitamina B y uno de 20 mg del protector gástrico omeprazol.

Su nueva casa estaba en la calle Italia 5208, del barrio privado San Andrés, en el partido bonaerense de Tigre. Era un entorno arbolado, donde el valor del metro cuadrado llegaba a los 3000 dólares. La selección había recaído en Vanesa Morla, que presentó cinco opciones a las hijas de Maradona. “Igual, valía lo que decía Diego”, declaró. “Tengo entendido que él vio todas las casas y eligió una”. La propia Morla la visitó dos veces antes de su llegada, “para chequear alguna cuestión en relación a las comodidades de Diego”. Por ejemplo, que no lo molestara el sol y que tuviera el pack de TV satelital con los canales que le gustaban. Su hermano Matías pagó el alquiler y Jana firmó el contrato hasta enero de 2021. La prensa anunció que Maradona viviría “en una casa especialmente adaptada para que pueda continuar con su tratamiento” y que “el seguimiento por parte de los especialistas que lo atienden de manera personal será constante”.

Desde afuera, las impresiones eran óptimas, con vistas a un espejo de agua y cancha de golf. En los primeros días Maradona pudo disfrutar de ese espacio. Jugó con Benjamín y Diego Fernando, y practicó paintball (una pistola que dispara bolas de pintura) contra un muñeco que había pedido. Por dentro, la situación era otra. Como no podía usar las escaleras que llevaban a las cuatro habitaciones (una con jacuzzi, que ocupaba Espósito; otra para Monona) y el baño del primer piso, lo alojaron en un playroom junto a la cocina. A dos metros del lavarropas y a uno de la bacha de la cocina, una precaria puerta de plástico —que ni siquiera llegaba al piso— conducía a esa habitación improvisada con una cama de dos plazas, TV y sillón masajeador. Aunque había vistas al exterior, la ventana se tapió con durlock. “Argumentaron que no le gustaba la luz”, explica un investigador de la causa. Vanesa Morla explicó que un vidrio de esa “habitación provisoria” tenía una rajadura, “por lo que Jana, por razones de seguridad”, pidió poner esa capa. Para llegar al baño más cercano había que atravesar la cocina y el living comedor, a causa de lo cual se decidió sumar un inodoro ortopédico con asiento de plástico.

Pomargo, Espósito y Monona fueron su compañía permanente. Diversos testimonios coinciden en que Maradona no tuvo acceso al alcohol durante los días que pasó allí. Pero sobrevolaba un sentimiento de paranoia. Otra vez estaba rodeado de custodios. ¿Cuán necesarios resultaban dentro de un country? ¿Había que protegerlo o vigilarlo?

Los primeros días pudo bañarse con un duchador provisorio. El representante legal de Diego Fernando, Mario Baudry, aseguró que lo hacían “con una manguera”, situación que lo tenía “muy molesto”. “En cualquier casa en Argentina, en la más humilde, hubiera estado mejor que ahí. Uno puede no tener plata pero tiene cariño. Diego tenía muchísimo dinero, que no se lo dejaron usar”.

Aquel día, Cottaro estuvo entre los primeros en llegar. “No había ni un termómetro, era una casa de vacaciones. Al sillón donde se sentaba Diego los custodios le decían ‘la practicuna’. Cuando llegó, me quedé afuera porque había un grupo numeroso de gente. Más tarde me acerqué y me preguntó qué hacía ahí. Me di cuenta de que no le habían dicho que iba a tener acompañante. Ahí noté que empezaba la improvisación”.

La dinámica fue caótica desde el principio. La enfermera Dahiana Madrid —a cargo del turno matutino— declaró que, a su llegada a la casa, preguntó si había una epicrisis (documento confeccionado al momento del alta) y le respondieron que no. Tampoco le dieron indicaciones sobre cómo proceder con Maradona, cuyas patologías desconocía. “Me habían dicho que nosotros los enfermeros estábamos para dar la medicación en tiempo y forma, para que el paciente no se automedicara, [pero] que no era necesario que se controle […] Llegaba el horario de la mediación, la preparaba y le decía a Johnny [Espósito] ‘vamos a dársela’, pero él decía ‘se la doy yo’. Si fuera otro paciente, una entra, trata de llegar. Agustina Cosachov decía que estábamos para darle la medicación, que no lo molestáramos. Lo mismo Luque”. Por esa razón, justificó, solo tomó sus signos vitales hasta el viernes 13.

Su compañero Ricardo Almirón hizo un relato similar. “Desde el primer momento pregunté por la epicrisis, patología del paciente, antecedentes y medicación, de lo cual no hubo respuesta […] En mi poder tenía elementos de control diarios, como termómetro, saturómetro, tensiómetro, lo cual utilicé para realizar los primeros controles, ya que la empresa [Medidom] no me había dado nada”.

También faltaban los elementos para afrontar una urgencia —monitor para controlar la frecuencia cardíaca, tubo de oxígeno, desfibrilador— y otros de relevancia para el caso, como un abbocath (cánula intravenosa que se usa para pasar medicación y mejorar el control de la punción), prolongadores y sueros. La necesidad del monitor “se condecía con las frecuencias cardíacas que presentaba el paciente. Las alarmas habrían detectado cuando aumentaba o bajaba la frecuencia”, explicó. La situación estaba en línea con los motivos por los cuales habían sido convocados, planteaba Almirón. “En todo momento me indicaron que era un cuadro psiquiátrico. No me comentaron sobre otro antecedente ni anomalía”. A pesar de los indicios negativos, aquella primera jornada pareció cerrar con una buena noticia. “Ahora está cantando y mirando la tele”, informó Perroni a las 20:24 en el grupo de WhatsApp “Tigre”.

TN

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