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«A la desconocida que no me dejó parir”, el aborto en Tarija

Juntas se acostaron en la cama a esperar que las pastillas hicieran lo suyo. Ambas lloraron aquella noche por lo dura que había sido la vida, más para Pahola, quien ya había abortado dos veces completamente sola

DEPARTAMENTALES: 11/10/2021

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«Deberíamos escribirle una carta a la de la Farmacia, señora la amamos, gracias por todo lo que hace por nosotras». Tras aquel intento de agradecimiento, esa mañana las dos mujeres se regalaron un intento de sonrisa, habían terminado con una vida, pero, definitivamente habían salvado otra.

Iris, creció tras un muro de concreto que la había apartado «del mundo», de sus creencias y de sus acciones, que en su mayoría aparentemente eran pecado. Recuerda que, como epidemia, sus amigas a temprana edad se habían embarazado, sin embargo, aunque por fuera ella se mostraba tolerante, por dentro, criticaba duramente «la sonsera» que habían hecho.i

Incluso, cuando la marea verde exigía ampliar las causales de aborto en Bolivia y aquello había llegado al seno de la Asamblea Legislativa en 2017, ella se había parado al frente de su clase afirmando que, si su abuela tuvo el coraje de tener hijos, que eran fruto de reiteradas violaciones por su mismo abuelo, las demás mujeres podían enfrentarse a ello, la ley era descartable.

Nunca pensó que un martes de diciembre todos aquellos argumentos, bajo los cuales se había declarado “próvida”, caerían al suelo. Aquel día el tiempo pasó volando, sus manos sudaban mientras corría desesperada por la calle Sucre, un bocinazo la devolvió a tierra y la salvó de ser atropellada.

Su amiga sostenía ya la hoja blanca, «mujer es positivo». Fue allí donde vio pasar en frente su vida, cual película de terror, pues solo los momentos malos contaban. La muerte de su ángel, el abandono, los manoseos de su tío, la niña mujer, la que se había prometido a sí misma que por tanto dolor jamás sería madre.

A sus 24 años, ya había culminado su carrera profesional e incluso ya ganaba dinero por ello, tenía una casa para vivir e incluso contaba con alguien a su lado, más todo esto no influyó en nada, solo había un camino, el aborto.

Según datos del Servicio Departamental de Salud (Sedes) de Tarija, 871 mujeres llegaron en 2018 a un centro de salud con una hemorragia que terminó en aborto antes de los primeros cinco meses de embarazo. En 2019 se registraron 492. Son mujeres de 20 a 39 años quienes con mayor frecuencia presentaron este cuadro, más los profesionales no lograron determinar si las causas del sangrado fueron naturales o provocadas.

“Pensar en una caracterización de las mujeres que abortan es imposible, toda mujer que siente, piensa, vive y asume que no pueden llevar adelante un embarazo puede pertenecer a cualquier clase social, desde la campesina a la empresaria. Pero, las que mueren en ello, son adolescentes, son mujeres pobres”, sostiene Beatriz Vaca, feminista y activista del colectivo Mochas Copleras de Tarija.

Entre tantas mujeres que Iris había conocido en su vida, una de ellas la marcó. «Siempre te decía lo linda que eras, te daba un abrazo o simplemente algún detalle aparecía ahí», ella era Pahola, quien la ayudó a no parir.

«Tranquila, hay solución” fueron las palabras que acompañaron un abrazo. Pahola le había dado las instrucciones, de dónde comprar las pastillas, la cantidad, la ropa que debía usar y hasta terminó ofreciéndole su casa para cuidarla en el proceso, de esa manera desprendida que solo ella tenía de ser.

Caminó junto a su novio hacia una zona populosa de la ciudad, entró a la farmacia indicada, pagó 300 bolivianos por las pastillas que en ese momento no estaban disponibles pero, tras unos días de larga espera llegaron.

La cita estaba hecha, tras pasar un jardín gigante donde la vida se extendía claramente, llegó a aquel cuarto que de por si olía a menta. Pahola con una sonrisa, le trajo un vaso con agua y juntas se acostaron en la cama a esperar que las pastillas hicieran lo suyo. Nunca tuvieron una charla tan profunda como la de aquella noche, ambas lloraron al saber cuan dura había sido la vida tanto para la una como para la otra. Pahola había abortado dos veces, pero a diferencia de Iris, siempre estuvo sola.

Las contracciones no tardaron en llegar, mientras que su cuerpo temblaba de manera incontrolable, el baño quedó manchado de sangre, así como su ropa, sin embargo, el peso que cargaba desde que supo la noticia empezó a desaparecer lentamente.

Apenas había dormido dos horas y ya era de día, la manzanilla caliente que reposaba en el mueble inundaba el cuarto, mientras que el baño ya había sido limpiado. Días después, tras noches de culpa y llantos, Iris encontró un cuaderno rosa en su escritorio que al interior decía: “No importa lo que pase, tienes derecho a reinventarte”.

Colectivos exigen al Gobierno cifras reales de aborto

El 28 de septiembre miles de mujeres salieron a las calles a exigir una vez más, la despenalización del aborto, figurando este, como la principal causa de la muerte materna no solo en Bolivia, sino en el mundo. Este 2021, en el país se exigió al Gobierno, iniciar con las investigaciones pertinentes para conocer con certeza conocer cuántas mujeres abortan en la clandestinidad.

“Como Mochas hemos reflexionado tres propuestas: que se haga una investigación que nos permita dar con datos de la interrupción clandestina del embarazo, dos, que se abra el debate nacional y tres, que las causales de aborto vigente se cumplan, las niñas no son madres” indicó Beatriz Vaca, feminista y activista en Tarija.

El País

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